Empezaron en los años 80 o 90, cuando el surf era todavía una contracultura. Tienen rodillas que crujen, hombros reparados una o dos veces, y una tabla en el garaje. Y siguen surfeando.
El mito del surfista joven
La imagen del surf es joven, acrobática, competitiva. Pero Biarritz tiene otra realidad: una comunidad significativa de surfistas de 45, 50, 55 años que practican con regularidad. No para competir — sino por el placer físico de deslizarse, por la conexión con el agua, por lo que el surf hace a una mente que una semana de trabajo ha maltratado.
Lo que cambia después de los 40
La práctica se adapta. Las tablas son más grandes — más volumen, más flotabilidad, menos esfuerzo para coger olas. Las sesiones son más cortas. Se eligen mejor las condiciones — menos viento, menos gente, olas que perdonan. Se aprende a leer el mar de otra manera, con una paciencia que no se tenía a los 20.
Biarritz, terreno ideal
La Grande Plage y la Côte des Basques ofrecen condiciones regulares y relativamente clementes. Las escuelas de surf han desarrollado cursos específicamente orientados a adultos. Los spots de bodysurf — menos físicos, igual de satisfactorios — existen para los días en que los hombros ya no acompañan.