Hija del escultor Louis Derbré, Mireille creció entre manos y materia. Desde 2010, es en Biarritz donde pinta — cuerpos, rostros, una luz del suroeste que ha transformado su paleta.
Nacida en 1950 en París, Mireille Derbré se formó desde la infancia en el taller de su padre, el escultor Louis Derbré. Una escuela singular: aprender a mirar el volumen, sentir la materia, comprender que el espacio se trabaja antes de representarse.
Tras estudiar en la École Supérieure Art et Technique de Boulogne-Billancourt, su formación orientada hacia la decoración la llevó a realizar importantes proyectos en París. La pintura se impuso en paralelo, como una necesidad personal que los encargos no alcanzaban a colmar.
A partir de 1998, las exposiciones en galerías y salones parisinos se multiplican. Trabaja en su taller del Marais, en vivo y con modelos. Luego llega el giro: en 2010, se instala en Biarritz y monta su taller en el suroeste de Francia.
Lo que cambia aquí es la luz — y con ella, el color. Su enfoque se inscribe en una corriente cercana a los primeros expresionistas: una ida y vuelta entre la realidad y lo imaginario, donde el dibujo y la huella pictórica recuerdan los gestos del escultor. El padre nunca está lejos.
Desnudos lánguidos, relajados, fragmentados, de frente, de espaldas — escenas de intimidad a la vez reales e imaginarias. A esto se suman retratos y paisajes tratados con la misma economía de medios: acuarelas, tintas, carboncillos, gouaches. Coleccionistas de Asia también han reparado en su obra.
Mireille Derbré expone regularmente en Biarritz. Su sitio: mireillederbre.com