Vivir Biarritz · Agricultura local
El viernes 3 de julio, bajo la lluvia, Bidart y Biarritz iniciaron las obras de Erroberri, su huerta municipal común. Sobre 4,5 hectáreas de suelo público devuelto a la agricultura, la explotación cubrirá pronto el 80 % de las necesidades de verdura de los comedores de las dos localidades, todo en ecológico y regándose únicamente con su propia agua de lluvia. Crónica de unas obras que dicen mucho.
ILBARRITZ — El viernes por la mañana caía esa lluvia fina que se pega a las botas. En un terreno arcilloso encajado entre el lago Mouriscot y el golf, los alcaldes de Bidart, Emmanuel Alzuri, y de Biarritz, Serge Blanco —este último acompañado por su concejal de Medio Ambiente y Litoral, Jean-Baptiste Dussaussois Larralde—, rodeados de Julien Duflo, director general de los servicios de Bidart, y de algunos periodistas que acudieron pese al tiempo, se reunieron en torno a un cartel de madera clara: erro berri — la huerta municipal de Bidart y Biarritz. Allí se dieron por iniciadas las obras. Nada espectacular: una losa, apretones de manos bajo los paraguas, un solar todavía cubierto de tierra removida. Y sin embargo, lo que allí empieza dice algo de nuestra época.
Erroberri, «nueva raíz» en euskera. El nombre no se eligió al azar. Sobre estas 4,5 hectáreas de suelo público durante mucho tiempo mordido por la urbanización, y luego abandonado a las zarzas y a la hierba de la pampa, dos municipios han decidido volver a hacer crecer verduras.
Recuperar el control del plato
El diagnóstico es prosaico. Cada año, Biarritz y Bidart preparan juntas cientos de miles de comidas para sus colegios, sus guarderías, sus centros de ocio y sus residencias de mayores. Desde la ley EGalim, deben incorporar productos sostenibles y ecológicos, pero encontrar, en volumen y durante todo el año, verduras ecológicas cultivadas cerca de casa resulta cada vez más un rompecabezas. Las tierras agrícolas de la costa se cuentan en superficies perdidas; en el País Vasco se borra cada año el equivalente a varias granjas.

Entre praderas y caseríos vascos, las tierras de Ilbarritz devueltas a la agricultura. © Ici Biarritz
De ahí la idea, sencilla y casi anacrónica: producir uno mismo. Erroberri se explotará en gestión pública directa, con respaldo jurídico del municipio de Bidart y mancomunada con Biarritz en el seno del SIAZIM, el sindicato intermunicipal que gestiona esta zona de Ilbarritz-Mouriscot a caballo entre los dos municipios.
Las cifras marcan la ambición. A plena producción, prevista hacia 2028, la huerta debe producir 25 toneladas de verdura al año, el equivalente a unas 350 000 comidas, y cubrir el 80 % de las necesidades de verdura de las dos cocinas centrales. De las 4,5 hectáreas, hectárea y media se cultivará al aire libre y 2 000 m² bajo invernadero, para garantizar la diversidad de las cosechas. Un edificio de explotación de 250 m², cuya obra gruesa acaba de empezar, albergará cámaras frigoríficas, almacén, taller técnico y espacio para el personal. Sobre su tejado, paneles fotovoltaicos: suficiente para alimentar la huerta e incluso algunos edificios municipales. Se acaba de contratar a un jefe de explotación; un peón agrícola le asistirá. Todo ello en ecológico, sin excepción.
El agua, lo primero
Es quizá el detalle más discreto de las obras, y el más revelador. Detrás del cartel ya se dibuja una amplia balsa negra bajo su membrana: un depósito de recogida de agua de lluvia de 1 500 m³ para 900 m² de superficie, en fase de impermeabilización. Debe ofrecer a la huerta cerca de tres meses de autonomía sin una gota de lluvia, una opción pensada para veranos cada vez más secos, a medida que se instalan las olas de calor.

El depósito de 1 500 m³, en fase de impermeabilización: la huerta se regará sin extraer agua de la red. © Ici Biarritz
Es precisamente ese aspecto, el del agua y el recurso, el que más le importa a Jean-Baptiste Dussaussois Larralde, concejal de Medio Ambiente y Litoral de Biarritz:
Una huerta que vive de su propia lluvia, en un litoral donde el agua se está convirtiendo en un tema, es el tipo de sobriedad que debemos aprender a construir.
Jean-Baptiste Dussaussois Larralde, concejal de Medio Ambiente y Litoral de Biarritz
Un proyecto más viejo que sus carteles
Hay que decirlo: Erroberri no nació el viernes. La idea de recuperar la agricultura en estas tierras maduró durante años. Vecinos, asociaciones y agricultores lo habían soñado; los servicios de Bidart y de Biarritz lo llevaron adelante, expediente tras expediente. El proyecto habrá atravesado mandatos, cambiado de forma, esperado con paciencia. Lo que ocurre hoy no es, por tanto, una invención: es una culminación. Y bien se sabe, en el País Vasco como en cualquier parte, que los proyectos que cuentan rara vez son los que se anuncian, sino los que se llevan hasta el final.

En 4,5 hectáreas, las obras de acondicionamiento del sitio están en marcha. © Ici Biarritz
Las primeras plantaciones se esperan para el otoño; la plena producción, en cambio, no llegará hasta el horizonte de 2028. Hasta entonces, temporada tras temporada, con sus fracasos y sus aciertos, Erroberri servirá también de herramienta pedagógica: los escolares podrán venir a ver cómo crecen sus zanahorias, en otro sitio que no sea una bolsa.
Bajo la lluvia del viernes, todo aquello parecía aún lejano. Pero la primera raíz ya está en tierra. Volveremos a verla crecer.
Zilbor
zilbor@pm.me
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