En diciembre, la Grande Plage de Biarritz pertenece a los practicantes de paddle. Varias decenas de aficionados al stand-up paddle ocupan el agua cada mañana, con cualquier tiempo, en cuanto la marejada lo permite. No es turismo deportivo: es un hábito arraigado en la vida cotidiana de la ciudad. La luz de invierno, baja y dorada, sobre la silueta de las villas y el casino, transforma la salida en algo parecido a una meditación. Varias escuelas de surf ofrecen sesiones acompañadas de noviembre a marzo. El agua, entre 14 y 16°C, sigue siendo navegable con un traje 4/3.
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